CONCEPCIÓN GENÉTICA DE LO QUE NO ES EL SUJETO ABSOLUTO Y FUNDAMENTO METAFÍSICO DE LA ÉTICA
CONCEPCIÓN GENÉTICA DE LO QUE NO ES EL SUJETO ABSOLUTO Y FUNDAMENTO METAFÍSICO DE LA ÉTICA (Nueva York, 1989)
Publicado en
VARIOS, Raíces y valores históricos del pensamiento español, Fundación Fernando Rielo, Madrid 1990, 97-134.
PROEMIO
He recibido en Nueva York, ciudad en la que estoy bajo asistencia hospitalaria, el epígrafe general del ciclo filosófico comprendido entre los meses de abril y mayo: Raíces y valores históricos del pensamiento español. He dado nombre, a mi conferencia: Concepción genética de lo que “no es” el sujeto absoluto y fundamento metafísico de la ética.
Les ruego no se extrañen de que mi exposición, más que restringida a la fundamentación de la ética, se refiera, incluida ésta, a nuevos aspectos a los que ciertamente conduce la conferencia pronunciada por mí el pasado curso y editada en la obra ¿Existe una filosofía española?[1] Esta conferencia, intitulada Hacia una nueva concepción metafísica del ser, se redujo entonces a la sustitución de la “identidad absoluta” [ser-en-ser] (ser es ser)[2] por la “congenitud absoluta” [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]].[3] Di razón, a su vez, en la cuestión crítica de los carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico, de la identidad absoluta: en lo sintáctico, los enunciados identitáticos “ser es ser”, “ente es ente”, “sustancia es sustancia”, “gripe es gripe”…, constituyen seudoenunciados porque su carencia de sentido sintáctico nada añade al conocimiento científico, debido a que el predicado es el mismo sujeto; en lo semántico, la identidad “ser es ser” tiene la misma validez que la identidad “~ser es ~ser”[4] ; en lo ontológico, la “identidad es identidad”, no sólo no alcanza las nociones metafísicas de “ser es ser”, “ente es ente”, “sustancia es sustancia”…, pero, incluso, ni a su propia “identidad es identidad”. El seudoprincipio de identidad sólo aporta la “imposibilidad” absoluta del ser y de la nada.
La ética queda relegada a la cuestión final de esta conferencia por la intención didáctica de explicar antes lo que no es el sujeto absoluto, pero, de todos modos, está en función, como veremos, de este mismo sujeto absoluto.
CUESTIÓN CRÍTICA
—A—
La cuestión crítica escoge diferentes afirmaciones filosóficas por la relevancia con la que se conectan sutilmente con mi concepción genética de un principio de relación que se refiere al ser y sólo al ser [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]].
1.-Inclusión de la contradicción en la identidad.-
Mi rechazo a la identidad, elevada a principio, “identidad es identidad”, lleva implícita la negación de la “contradicción” (S∧~S)[5] y de la “~contradicción” [(S∧S)]. La “contradicción” y la “~contradicción”, elevadas a principio, degradan en la identidad “contradicción es contradicción” con la misma validez que “~contradicción es ~contradicción”, y “~contradicción es ~contradicción” con la misma validez que “contradicción es contradicción”. Es decir, la “contradicción” y la “~contradicción” resultarían lo mismo. Hegel incluye la “contradicción” (S∧~S) en el momento de la superación de contradictorios: “ser” y “nada”; la seudosíntesis de ser y nada (S∧~S) en la noción de “devenir” hace de Hegel el filósofo representativo de la negación del seudoprincipio metafísico de la “~contradicción” [(S∧S)][6] por el seudoprincipio de “contradicción” (S∧~S). Este seudoprincipio de “contradicción” hegeliano afirma al mismo tiempo la identidad de la síntesis: el caso del “devenir” es, por ejemplo, bajo la razón de síntesis del ser (tesis) y de la nada (antítesis), degradando en la identidad “devenir es devenir” con la misma validez que “~devenir es ~devenir”. La nada absoluta no es superada, negado el ser, por el devenir del que, según Hegel, aparece, bajo la razón de ser determinado, la existencia; antes bien, la nada absoluta [~ser] es superada, aniquilación a priori, dentro de mi concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]], por la “ingenitud activa” de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] y el “ingenerante” de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]; en ningún caso, por vaciamiento del ser. La existencia, definida por Hegel, es resultado absurdo de un vaciamiento absoluto del ser del que, no sabiendo en qué consiste o con qué instrumento lo verifica, no resulta, en ningún caso, la existencia real de los seres; antes bien, un ser en falso tránsito al ~ser, y un ~ser en falso tránsito a la existencia bajo la razón de ser ésta el verdadero ser determinado.[7] Hegel revive con su vaciamiento del ser una forma del nominalismo medieval. El específico de la identidad hegeliana “se[math]\displaystyle{ r_1 }[/math] nada” reside en que incluye una dialéctica fenomenológica en la que “se[math]\displaystyle{ r_1 }[/math] nada” alcanzan el absurdo de una indeterminación en tal grado absoluto que el ser posee toda la nada y la nada posee todo el ser.
La “~contradicción” [(S∧S)], elevada a principio, no es posible tampoco en mi metafísica genética porque crea, dentro del modelo [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] un vacío absoluto que sólo podría ser ocupado por un término cualquiera. Entiendo la “~contradicción” como un concepto común que, no aportando nada a la metafísica, significa solamente que no existe relación alguna positiva entre [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]; los términos [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] no incluyen, por tanto, el hecho simplista de la “~contradicción”, sino la complementariedad replicativa entre [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math], de los que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] define a [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] es definido por [math]\displaystyle{ S_1 }[/math].
Añado, además, que la “negación de la negación” (~~) no aporta el precedente en el que se apoya el ser; antes bien, una sucesión interminable de negaciones (~~…) que no arrojan nunca la noción positiva de ser ([math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]). El nihilismo se reduce a esta sucesión interminable de negaciones. El hecho de que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] sea origen consiste en su ingenitud activa replicada, en el orden revelado, por la ingenitud pasiva de [math]\displaystyle{ S_3 }[/math] entre las que hay que incluir el ingenerante de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]. La noción del ingenerante de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] no alcanzaría jamás a la ingenitud pasiva de [math]\displaystyle{ S_3 }[/math] porque [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] engendraría un número interminable de S[[math]\displaystyle{ S^{'}_2,S^{''}_2,\dots }[/math] ].
Mi concepción genética del principio de relación no admite la existencia, ni siquiera la posibilidad, de la contradicción en que pudieran oponerse, dentro del orden racional, los términos de mi modelo [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])].[8] No hay, por tanto, en mi metafísica, ningún tipo de oposición. Menciono el ejemplo clásico de la llamada “relación de oposición” Padre e Hijo; antes bien, afirmo la “complementariedad” entre Padre e Hijo. No se puede afirmar la noción de “Padre” si no tiene un “Hijo”, ni la noción de “Hijo” si no se presupone que está en complementariedad con la noción de “Padre”. La congenitud de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]) tiene el comparable antropológico con la noción de consanguinidad de modo semejante que se dice consanguinidad a la relación padre e hijo; en ningún caso, de contrasanguinidad. Todo tipo de oposición se reduciría metafísicamente a principio en tal grado que se identificaría con la contradicción también elevada a principio.
2.-Contradicción primitiva y derivada.-
Mi concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] no tendría que hablar, ya sub ratione principii, ya sub ratione facti, de la “contradicción” y de la “~contradicción”. Establezco, de todos modos, una diferencia entre ambos conceptos al tratarse de una metafísica del ser deformada por el seudoprincipio de identidad: el primero, “contradicción primitiva”; el segundo, “contradicción derivada”. La elección de la “~contradicción es ~contradicción” (contradicción derivada) es por eliminación de la “contradicción es contradicción” (contradicción primitiva); por tanto, hay que afirmar dialécticamente la “contradicción es contradicción” para, introduciendo la regla de eliminación, derivar la “~contradicción es ~contradicción”.[9]
La “contradicción primitiva”, contradictio es contradictio, elevada a principio, representaría una metafísica con objeto en la propia contradicción; extensivamente, la “imposibilidad” de una metafísica del ser. No daría lugar tampoco a una metafísica de la identidad porque, elevada a principio, incurriría, junto con los carentes de sentido sintáctico y semántico, en la carencia de sentido ontológico: “identidad es identidad” y “~identidad es ~identidad” no alcanza nunca a “ser es ser” y a “~ser es ~ser”; pero, incluso, ni a la propia “identidad es identidad” o “~identidad es ~identidad”. Esta “contradicción primitiva” a priori se sintetiza en lo siguiente: la identidad ni llega a ser ni llega a ~ser. El contenido de la identidad metafísica establece la imposibilidad absoluta de la “realidad” y de la “irrealidad”.
La “contradicción derivada” [~contradicción es ~contradicción] se diferencia, antes que nada, por una partícula [~] que, por su misma expresión gramatical [~], delata que, lejos de existir contradicción, exista la noción de “posibilidad”. Esta posibilidad es un espejismo porque, aplicando a la contradicción derivada lo mismo que a la primitiva el principio de identidad, queda convertida en la identidad “posibilidad es posibilidad” con sus tres carentes de sentido. El carente de sentido ontológico adquiere especial relevancia porque resulta una contradicción derivada; esto es, a posteriori a la contradicción primitiva “ser es ser” y “~ser es ~ser” al mismo tiempo. La propia noción de “posibilidad es posibilidad” no puede proporcionar, por otra parte, como en el caso de la nada absoluta, nada real.
La conclusión de la diferencia, supuesto el seudoprincipio de “identidad es identidad” para definición de una metafísica del “ser es ser”, de las dos contradicciones es la siguiente: de la primitiva, degrada a priori a la metafísica en ciencia de la “imposibilidad es imposibilidad”; de la derivada, degrada a posteriori a la metafísica en ciencia de la “posibilidad es posibilidad”. Las dos contradicciones, primitiva y derivada, llevan a la misma conclusión: la metafísica ha dejado de ser ciencia que tiene como objeto el estudio de la constitución del ser, quedándose, en este caso, reducida a un imposibilismo posibilista en oposición a un posibilismo imposibilista. La metafísica ha dejado de ser ciencia que tiene como objeto el estudio de la constitución del ser e, incluso, de la identidad.
3.- Falsedad “ser∧~ser al mismo tiempo”.-
La contradicción “ser∧~ser” al mismo tiempo y bajo el mismo respecto” no es sólo por negación de la ~contradicción; antes bien, por la inclusión de un término, “al mismo tiempo y bajo el mismo respecto”, que, supuesto el seudoprincipio de identidad, degrada en los carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico, que se inscriben en el identitático “al mismo tiempo es al mismo tiempo” y “bajo el mismo respecto es bajo el mismo respecto”. Pero, incluso, la inclusión del término “en tiempos diferentes y bajo respectos diferentes” tampoco disuelve la contradicción que se inserta en el identitático “tiempo diferente es tiempo diferente” y “respecto diferente es respecto diferente”. La seudofórmula “S∧~S”, más que ser contradictoria, es un vulgar sinsentido porque:
La afirmación absoluta de la identidad del ser no permite la negación, también absoluta, del mismo ser.
la “contradicción es contradicción”, contradiciéndose a sí misma en sucesión indefinida, se convierte, de todos modos, en identidad.
“S∧~S” arrojan dos filosofías, esseísta y nadista, realmente distintas.
la contradicción existiría en los carentes de sentido de la supuesta identidad “al mismo tiempo es al mismo tiempo” y “~al mismo tiempo es ~al mismo tiempo”, y “bajo el mismo respecto es bajo el mismo respecto” y “~bajo el mismo respecto es ~bajo el mismo respecto”.
El “ser es ser” adolece de los tres carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico. La carencia de sentido sintáctico “ser es ser” es un seudoenunciado porque el sujeto es el mismo predicado y el predicado es el mismo sujeto. El carente de sentido semántico “ser es ser”, teniendo la misma validez enunciativa que “~ser es ~ser”, aporta dos resultados metafísicos opuestos: el esseísmo y el nadismo. Estas dos filosofías suponen la inclusión en el “es” del “~es”: el esseísmo es si y sólo si ~es el nadismo; el nadismo es si y sólo si “~es” el esseísmo. Esta paradoja semántica invalida la diferencia real de los contenidos que, por sí mismos, hay que explicar ontológicamente del esseísmo y del nadismo. La carencia de sentido ontológico se debe a que “ser es ser” no alcanza nunca al propio “ser”. La razón consiste en que, elevada a principio una inmanencia cerrada absolutamente en sí misma, queda en su propia inmanencia; esta inmanencia, encerrada en sí misma, adolece, a su vez, de los carentes de sentido que arroja el seudoprincipio de identidad. La concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]], disolviendo la identidad aplicada a cualquier definición, rechaza, por su misma naturaleza, los seudoconceptos de “contradicción” y de “~contradicción” metafísicas.
Aristóteles afirma que es imposible “ser∧~ser” al mismo tiempo. Fundado en esta imposibilidad, declara que este principio es el principio cierto por excelencia. Este principio, no es posible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, tiene, según el Filósofo, una cualidad esencial: mediante él no puede incurrirse en error, sino que se estará siempre en lo cierto. Hay que añadir que el Estagirita acude al excluso, “~ser es ~ser”, para quedarse con el “ser es ser”: afirma, por tanto, el “~ser es ~ser” para, introduciendo la regla de eliminación, elegir el “ser es ser”. Aristóteles incluye, de este modo, en su metafísica, las dos contradicciones: primitiva y derivada.
La contradicción que Aristóteles eleva a principio ofrece todas las características de un seudométodo, el de contradicción, que, para evitarla, excluye el “~ser es ~ser” para establecer la identidad absoluta del “ser es ser”. La identidad absoluta o esencial aristotélica hace de “ser es ser” una identidad derivada del principio de contradicción del cual se deriva, a su vez, lo demás: una cosa es idéntica a sí misma, que, aplicada a ser, éste es idéntico a sí mismo. Este filósofo se inspira directamente en Parménides: el ser es y no puede no ser; incluso, sería contradictorio pensar que “algo no es” porque pensar “algo” significa necesariamente pensar que “algo es algo”. El ~ser es impensable porque es impensable, entre otras cosas, el vacío absoluto (vacío es vacío); en una palabra, todo lo que implica ~ser absoluto.
Hago paréntesis sobre mi interpretación parmenidea del “ser es ser”: antes que la afirmación y no puede no ser, hay que preguntarse “el ser es [¿qué?]”. Su enunciado ser es no representa, efectivamente, una oración sustantiva porque le falta el atributo. Mi opinión se reduce a que el “ser” es verbo. El enunciado crítico es preciso: verbo ser es verbo ser y no puede no ser verbo ser. Lo que hace Parménides es sustantivar el verbo ser en virtud de lo cual la interpretación para mí correcta es el “ser es ser”; de todos modos, haciendo Parménides epojé del concepto de verbo, éste no obstante adquirirá en el cristianismo, por medio de San Juan Evangelista, la categoría de persona divina; esto es, la del Hijo: el Logos o Verbo.
Si la contradicción derivada fuese el principio fundamental de la metafísica, degradaría en la “contradicción es contradicción” con sus carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico. El carente de sentido ontológico es el más importante porque sólo sería posible, precisamente, la contradicción de “ser∧ ~ser” y también “identidad∧~identidad”. El carente de sentido de “ser∧~ser” afecta al seudoprincipio de identidad en el sentido siguiente: la contradicción, al contradecirse a sí misma, establece, por esta vía, el seudoprincipio de identidad, cuando, ciertamente, la contradicción constituye una sucesión indefinida de contradicciones entre sí: su resultado, la identidad como límite de la mencionada sucesión metafísica. No podría salir este principio de contradicción de lo mismo que significa: una metafísica de la contradicción o, como algunos prefieren, de la ~contradicción. Esta metafísica no tendría otra realidad que la propia contradicción. Imposible, por tanto, llegar a alcanzar a la identidad y al ser en virtud de que se clausura a sí misma en tal grado que la contradicción derivada estimada como principio no deja de ser contradicción. La contradicción es, por tanto, conforme a este principio, la única realidad que existe porque, insisto, se clausura a sí misma. El enunciado es preciso: contradictio et omnia contradictio. Este hecho se debe al carácter absoluto de este seudoprincipio; en este sentido totaliter, no hay paso de la contradicción a la misma contradicción.
Rechazo por exigencia fundamental de mi concepción genética del principio de relación, dentro del campo metafísico del ser, que el principio por excelencia de los seres sea el que Aristóteles formula del siguiente modo: es imposible que se den ser∧~ser al mismo tiempo. La razón es evidente: ~ser absoluto = nada absoluta. La nada absoluta no existe porque incluiría, nihilismo, al sujeto absoluto. Si la nada absoluta existiera, tampoco sería posible la contrastación “ser∧~ser” porque este tipo de nada habríase erigido en principio absoluto; en este sentido, disolvente a priori, nihilismo, de cuanto pudiera referirse al ser.
No hay principio más cierto que la concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]. Esta concepción genética de la complementariedad es inmanente al propio principio porque sustituye la elección “ser∧~ser” por la de un agente [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]] que define a su objeto [[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]. La identidad, la contradicción y la ~contradicción con su excluso, quedan reducidos a seudoconjeturales de una falsa concepción agenética del ser. La historia confirma la arbitrariedad de estos seudoconjeturales porque implican la elección del ser por exclusión arbitraria del ~ser o por la afirmación del ser∧~ser absolutos al mismo tiempo y bajo el mismo respecto, o en tiempos distintos y bajo respectos distintos. Esto da lugar a los dos hechos más generales en la historia de la metafísica: nihilismo, elección del ~ser por el ser; panteísmo, elección del ser por el ~ser; contradictorialismo, afirmación del ser∧~ser al mismo tiempo. El ser, elegido por Aristóteles, aunque afirme su predicación de muchas maneras, se reduce, de todos modos, al ser panteísta en virtud de que cada una de estas maneras es ser. La concepción genética, referida al ser del principio de relación impone dos seres [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] de los que [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] es objeto definido por su agente [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]].
4.- Obtención del ser por el ~ser.-
El ser en Parménides y Aristóteles resulta mediata intuición pensable por considerar el ~ser o vacío absoluto impensable; esto es, irracional. El “ser es ser” es, para estos filósofos, un resultado de carácter dialéctico y, de ningún modo, realidad inmediata de carácter objetivo que se inscriba racionalmente en el conocimiento del ser.
El específico de la observación crítica consiste en que el ser parmenideo y aristotélico es erigido por estos filósofos en un supuesto principio que, siendo obtenido por el de la impensabilidad del ~ser, le sobra, de todos modos, la reduplicación identitática, seudoprincipio de identidad, del “ser es ser”. La expresión menos incorrecta sería afirmar “ser”; en ningún caso, “ser es ser”; quiero decir con esta crítica que hay un salto ad infinitum entre el principio de ~contradicción y el de identidad cuando realmente lo que nos queda en la metafísica de estos filósofos es un uniser; ni siquiera el carente de sentido “ser es ser” en el que el ser resulta al mismo tiempo sujeto y predicado de sí mismo. Este resultado, “ser es ser”, es hecho patente por la presencia del seudoprincipio de ~contradicción al que pretenden subsanar con un seudoprincipio de identidad entre los que no hay paso alguno. A título de ejemplo, con una paralela y su negación absoluta por vaciamiento de la propia paralela podría obtenerse absurdamente el resultado de la existencia de la paralela.
“Ser y nada”, entendidos desde mi concepción genética, son dos realidades complementarias. El concepto genético de “nada” no es la nada absoluta o vacío de ser absoluto; antes bien, un “algo” en el que consiste la “posibilidad genética” que ad extra representa lo que no es el sujeto absoluto, pero, a su vez es sujetado por el sujeto absoluto [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]. Mi modelo genético [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] incluye ad extra el concepto genético de “algo” por el que, negado el ~ser absoluto o nada absoluta, queda establecido un vacío de ser, lo que no es el mencionado sujeto absoluto, que, lejos de identificarse con sí mismo, “vacío de ser es vacío de ser” porque nos daría la nada absoluta, consiste en la “genética posibilidad” en la cual actúa el sujeto absoluto creadoramente por dos vías: per inhabitationem, el ser finito; per actionem in distans, las cosas. La negación de esta concepción genética del vacío de ser, fundada en lo que no es el único sujeto absoluto, degradaría, entre otras cosas, en el impensable “vacío de ser es vacío de ser”; esto es, la nada absoluta o ~ser absoluto.
La conclusión inmediata de la complementariedad “ser∧~ser al mismo tiempo” se refiere a dos realidades: el término “ser” se refiere al sujeto absoluto con su forma genética [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]; lo que no es el sujeto absoluto se reduce a la realidad ad extra de una nada [~ser] que, negado su carácter absoluto, es un “algo”, vacío de ser, que, abierto al sujeto absoluto, recibe de éste su definición específica: el vacío de ser es la posibilidad genética que, proyectada por el sujeto absoluto, hace posible la creación.
5.- Falsedad en Hegel del espíritu absoluto.-
No es suficiente el solo hecho de negar sub ratione principii essendi ningún tipo de síntesis de términos de relación que pudieran dar lugar a comportarse como un principio de la metafísica: menciono, a título de ejemplo, por su alta claridad la síntesis hegeliana de un “espíritu absoluto” por síntesis relacional de un “espíritu objetivo” y su “espíritu subjetivo”. Esta síntesis hegeliana llevaría a la identidad de “espíritu absoluto es espíritu absoluto”; como resultado, a los carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico. Me detengo en el carente de sentido ontológico porque la noción de “espíritu absoluto es espíritu absoluto” no alcanza a una metafísica del ser, pudiéndose reducir, en este caso, el concepto de “espíritu absoluto” a un nádico con sentido fenomenológico. Se añade, en mi opinión, que el espíritu absoluto, por otra parte, presenta la contradicción de ser simple y al mismo tiempo compuesto. Tengo que precisar también que la metafísica es ciencia del ser y no del espíritu: la ciencia del espíritu es la “teología mística”.
6.- Falsedad del atomismo y del holismo.-
Mi concepción genética se revela, racionalmente, en dos seres [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] de los que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] define, dentro de un orden inmanente, su acción directa en [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] constituyéndose en su objeto. El enunciado metafísico queda preciso: un ser es definido por otro ser. Mi principio de relación es tratado bajo la forma de una concepción genética en la que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] es agente de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] objeto de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]. Hago consideración de la consistencia, completitud, y decidibilidad,[10] dentro del orden racional, de dos seres [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] que, elevados a su máxima expresión, la persona, resultan dos personas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]]. Estos dos seres personales [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])], constituyendo única Binidad, lejos de oponerse, se complementan en los tres estratos: sintáctico, semántico y ontológico. La revelación de Cristo afirma la existencia, dentro de la concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])], del excedente ontológico representado por [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]), constituyendo con [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]) única Trinidad. Binidad y Trinidad son, dentro de su campo, igualmente verdaderas: en el campo racional, la Binidad; en el campo revelado, la Trinidad.
Puede observarse fácilmente que no se trata de elevar a principio la relación, sino que esta elevación es la forma de su concepción genética; ciertamente, la relación [R] nos llevaría a la identidad “R es R”. “R es R” degradaría la metafísica en un atomismo que, teniendo que ser elevado a absoluto, llevaría a una nueva contradicción especialmente manifiesta en su carente de sentido “R es R” con la misma validez que “~R es ~R”. El símbolo “R es R” conduce a un atomismo absoluto; quiere decirse, a un conjunto de términos sin referencia a un todo. Este atomismo no iría más lejos de un sincretismo como su principio. La referencia que hago a la palabra “todo” es también rechazada por mí porque llevaría a un monismo rubricado por la identidad con sus carentes de sentido.
El carente de sentido ontológico del holismo, supuesto el sintáctico y semántico, llevaría a dos seudometafísicas: panteísta, “todo es todo”; nihilista, “~todo es ~todo”. El resultado es preciso: el “todo es todo” y el “~todo es ~todo” suponen su elevación, supuesta, a su vez, la identidad absoluta, a principio de las dos seudometafísicas, panteísta y nihilista, con su objeto propio; en ningún caso, sería el ser.
7.- Falsedad del monismo y dualismo.-
La concepción genética del principio de relación tampoco es un “todo” que sustenta al mismo tiempo al sujeto absoluto y a la creación. La creación es acto libre de las personas que constituyen este principio. Las criaturas son, supuesta esta creación, imagen y semejanza del sujeto absoluto. La negación de esta creación afirmaría al mismo tiempo el “monismo metafísico”. La descripción más general del monismo sería la de una sustancia o una realidad [x] en la que los individuos no tendrían más significado que manifestaciones o partes integradas en un todo único.
El dualismo metafísico se diferencia, por otra parte, del monismo metafísico en que, entendiéndose aquel en sus términos más generales, la existencia está compuesta de dos principios o realidades irreductibles entre sí y no subordinables. Este dualismo está regido por la seudometafísica de la oposición entre términos o realidades; a título de ejemplo, el dualismo cartesiano de dos sustancias: pensante y extensa.
La concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] rechaza, por su misma fuerza nocional, el monismo y el dualismo porque [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] son términos que dan forma a este principio; quiere decirse, [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] no da la existencia, en términos monistas, a [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] porque, en caso contrario, [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] sacaría de la nada, “crearía” a [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]. Clarifico, a título de ejemplo, la no existencialización de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] por [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]: el amor de Pedro a Elena no da la existencia a Elena, sino que la convierte en objeto de su amor. El enunciado metafísico, iluminado por este ejemplo, sustituye la cópula “es” por el verbo “definir”: [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] define a [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]; [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] es definido por [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]. [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] tampoco son dualistas porque, aparte de entrar, en caso contrario, en la teoría de la oposición absoluta, se convertirían, a la vez, en dos sujetos absolutos y, por tanto, en dos principios también absolutos.
Mi concepción genética es de un principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] en el que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] define, “generación teórica”, en términos de inmanencia a [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] como su objeto. El hecho, por otra parte, de que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] constituyan único sujeto absoluto no aporta tampoco la identidad “sujeto absoluto es sujeto absoluto” en virtud de que el principio de relación está formado por dos seres [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] que tienen la misma medida: [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] no es, por tanto, un predicado de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]. Esta forma genética del principio de relación excluye la cópula “es” en tal grado que, de usar esta fórmula enunciativa, no pasaría de ser repetición de S [SS]. La concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] alcanza, en mi metafísica, su cima en la concepción genética, constituida racionalmente por los dos términos de único sujeto absoluto [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] de los que la cópula no es el verbo ser [es], sino el verbo “definir”, generación teórica, en virtud de la cual [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] es objeto, no predicado, de su agente [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]]. La concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] es la misma que la de único sujeto absoluto [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]. Constituyen único sujeto absoluto el agente [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]] y su objeto [[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] porque, añadiendo a las razones dadas, carece, cuando menos, de objeto ad extra con valor absoluto.
8.- Falsedad de la definición boeciana de persona.-
La noción de persona se presenta a la razón definida por otra persona [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]]; en ningún caso, bajo la razón de “sustancia”. Esta reflexión filosófica rechaza la definición boeciana: persona est naturæ rationalis individua substantia. Si cada una de las personas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]], a cuyo valor absoluto me estoy refiriendo, fueran definidas en términos boecianos, habríanse establecido, dentro del campo de la razón, dos sustancias absolutas. Estas dos sustancias absolutas introducirían entre ellas una distancia en tal grado que no se encontrarían nunca. Los dos términos del modelo [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] constituyen única concepción genética de la sustancia. Esta sustancia es la “congenitud absoluta” entre los dos seres personales. La negación de esta forma de “unicidad” no sólo los haría incomunicables entre sí, sino también entre sí inalcanzables en virtud de que la “congenitud” exige que [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) sea el agente de su objeto [[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])]; [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]), objeto de su agente [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])].
—B—
La complementariedad de la metafísica y de la teodicea tiene la importancia crítica de que la noción de Dios, sujeto absoluto, está constituida, racionalmente, por dos personas divinas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]]. La existencia de estas dos personas, binidad, que aparecen genéticamente escritas por mi metafísica en la razón, parece resolver un problema planteado universalmente en las religiones: incluso, entre éstas, en la teología cristiana.
La metafísica se diferencia de la teodicea en que la primera trata a [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]) sub ratione absolutitatis; la segunda, sub ratione divinitatis. En este sentido, la metafísica genética se constituye en fundamento de dos seres personales realmente distintos [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] que se revelan en la unidad de su única congenitud. Mi modelo genético estudia la forma genética de un principio de relación que, elevado a naturaleza metafísica, es “congenitud absoluta” de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]). La concepción racional, fundamentada en esta forma genética del principio de relación, aporta a la teodicea una noción de Dios, Binidad, constituida por dos personas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]]. La negación de una de las dos personas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]] y su ser [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] nos llevaría al absurdo del seudoprincipio de identidad “S-en-S” o “S es S”.
La teología revelada por el cristianismo se refiere a una noción de Dios, Trinidad, constituida por tres personas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]]. La tercera persona [[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math])] es excedente ontológico que escapa, aunque no del todo, a la razón. Afirmo que no escapa del todo porque esta tercera persona [[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math])] cumple una función fundamental consistente en que es la única que clausura, a título de réplica con su “ingenitud pasiva”, la “ingenitud activa” de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]). Esta clausuración otorga a [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) la noción de “origen”. El enunciado revelado queda preciso: la “ingenitud pasiva” del Espíritu Santo es replicativo a priori de la “ingenitud activa” del Padre en tal grado que éste es el origen más allá del cual no existen un [math]\displaystyle{ S_0 }[/math] y un [math]\displaystyle{ S_4 }[/math] de los que sabemos no cumplen ninguna función metafísica: [math]\displaystyle{ S_0 }[/math], porque [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] dejaría de ser “origen”; [math]\displaystyle{ S_4 }[/math], porque [math]\displaystyle{ S_3 }[/math] satisface con su “ingenitud pasiva” la réplica con la que queda clausurada la “ingenitud activa de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math], e imprime, a su vez, el “carácter ingenerante” de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math].
CUESTIÓN FORMAL
La conferencia del ciclo del pasado año fue dedicada al genético modelo [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] en su fuero interno; esto es, en lo que es ad intra. La presente conferencia está dedicada a lo que no es el sujeto absoluto; es decir, a su fuero ad extra. Este fuero comporta nociones fundamentales que, relacionadas con el “modelo genético”, definen metafísicamente la realidad originaria del mundo; especialmente, de la persona humana.
—A—
Procedimiento del sujeto absoluto
El proceder fuera de sí, ad extra, del modelo genético en lo que no es, es decir, en el vacío de ser y su posibilidad genética de la aparición del mundo y sus criaturas sigue dos caminos en virtud de los que queda establecida la diferencia ontológica entre seres y cosas: en los seres, per inhabitationem actus absoluti; en las cosas, per actionem in distans actus absoluti. Los seres y las cosas se diferencian por los dos modos de actuación del sujeto absoluto: los seres son inhabitados; las cosas son alejadas. Hay que decir entonces que los seres son vivientes que, por la inhabitación ontológica en su hipóstasis, son imagen y réplica de la congenitud absoluta. Las cosas no son, en recto sentido ontológico, imagen de ninguna inhabitación; antes al contrario, son imagen de la actio in distans en virtud de la cual el sujeto absoluto se aleja, infinitamente, de ellas. Otra diferencia entre seres y cosas reside en que los seres “son” y “existen” en virtud de la “presencia constitutiva” del acto absoluto en su hipóstasis; las cosas, por el contrario, no son, sino solamente existen en virtud de la actio in distans del acto absoluto y su sujeto absoluto. La actio in distans es la constante de las cosas; por tanto, su ley suprema.
1.-El primer camino, el de la inhabitación ontológica, consiste en una “presencia constitutiva” del acto absoluto y su sujeto absoluto en los seres. Esta presencia constitutiva, inhabitación ontológica, hace posible la _mística congenitud del sujeto absoluto. La presencia constitutiva en los seres no es creada: resultaría un absurdo absoluto que la presencia inhabitante fuese creada. Esta se verifica en la hipóstasis de los vivientes. La persona humana ocupa una maravillosa primacía porque es más que hipóstasis. La unidad de los seres humanos reside en que están dotados de la misma presencia constitutiva del acto absoluto y su sujeto absoluto. Esta presencia constitutiva es constante ontológica en los seres. La persona humana no se revela, por tanto, definida ontológicamente ni por la noción boeciana de sustancia individual ni por otra persona humana, sino por la presencia constitutiva del acto absoluto en su sustancia o congénesis mística; en ningún caso, absoluta.
He afirmado también que la presencia constitutiva del acto absoluto en la persona humana es increada. La persona humana está constituida, por esta razón, por un elemento creado y por un elemento increado. El gene es el elemento creado de la persona humana, supuesta, naturalmente, la concepción genética de la creación ex genetica possibilitate por el sujeto absoluto. Sólo sub ratione genis puede afirmarse la concepción genética de la esencia, sustancia, existencia, naturaleza, del ser humano. El elemento increado define a la persona humana deidad_. Esta deidad no es predicable de los demás vivientes, pero, de todos modos, quedan vinculados, en conformidad con el increativo presencial de la inhabitación ontológica del acto absoluto, a un nivel preternatural porque, contrariamente, tendría que ser aniquilada su hipóstasis o forma ontológica. Si el gene no fuese inhabitado por la presencia constitutiva del acto absoluto, la persona humana sería sub ratione creationis imposible porque su resultado sería una persona vacía de la concepción genética de la relación de su deidad con el sujeto absoluto; por tanto, de esencia, sustancia, existencia, naturaleza. El gene inhabitado es lo que nos hace imagen y semejanza, deidad, del sujeto absoluto.
La persona humana es, a diferencia de los demás vivientes, deidad; en ningún caso, divinidad. La diferencia reside en que [math]\displaystyle{ P_2 }[/math] es por generación metafísica de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]; la persona humana es por creación sub ratione generationis mysticæ. Este rango ontológico de la persona humana entra dentro del campo racional y, al mismo tiempo, confirmado por la revelación de Cristo. Lo que hace la redención es devolver a la deidad humana toda la fuerza sobrenatural que la presencia constitutiva del acto absoluto puede consumar en una realidad creada. Todos los seres humanos quedan definidos por esta misma deidad, y no en virtud de una noción diferente: la sustancia, la razón, la voluntad… El grado de perfección de la deidad de la persona humana es de incrementación diferente, de la cual no tenemos noticia porque sólo se pone de manifiesto en el reino de las personas divinas y no de este mundo.
2.-El segundo camino, el del alejamiento, consiste en que la actio in distans del acto absoluto aleja en tal grado a los seres de las cosas que la relación entre estos se convierte, cuando la persona humana los hace objeto absoluto de sí misma con desplazamiento de un sujeto absoluto que es, a su vez, fin absoluto de cuanto es o existe, en antítesis moral. La razón se debe a que los seres y las cosas creados no constituyen el destino de la persona humana: la fugacidad de estos es su mejor prueba positiva. La disolución de esta antítesis moral exige una forma de renunciamiento al mundo creado en virtud del adentramiento en el sujeto absoluto para el que la persona humana ha sido, en virtud de su deidad, predestinada en los dos órdenes: racional y revelado. Esta forma de renunciamiento no consiste en otra cosa que en la recta administración de los bienes, seres y cosas, de este mundo que el sujeto absoluto ha destinado para que la persona humana satisfaga sus necesidades.
—B—
Negación de la nada
Doy dos razones ontológicas sobre mi negación del carácter absoluto de la nada. La primera razón es negativa: la nada absoluta ni es ni existe; quiere decirse, este carácter absoluto de la nada es falso. Si se admitiera esta nada, no sería tampoco posible hablar del ser porque en ésta quedaría contradictoriamente incluido. La afirmación hamletiana, To be or not to be, that is the question,[11] es un dilema metafísicamente falso. La segunda razón ontológica consiste en que la noción de “nada” degrada, de modo semejante a la de “ser es ser”, en el seudoprincipio de identidad “nada es nada” con la misma validez que “~nada es ~nada”. Se supone la adición de incurrir en los señalados carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico.
Si la nada absoluta es contradictoria, supuesto que ésta no es posible en metafísica, hay que pensar que existe, fuera del sujeto absoluto, “algo” que exige ser definido. Este “algo” que rechaza, dentro del campo metafísico, el nihilismo, consiste en un “vacío de ser”. El vacío de ser es objetiva posibilidad genética del mundo con sus criaturas. El específico de esta “posibilidad genética” es designada por mí onda genética que proyecta ad extra el modelo absoluto sobre el vacío de ser. Esta “onda genética” es el rayado genético de este vacío de ser. El “algo”, definido sub ratione possibilitatis creaturarum, le libera de incurrir en la identidad “algo es algo” con la misma validez que “~algo es ~algo”; por otra parte, la negación de este “algo” llevaría a dos consecuencias: a la imposibilidad metafísica de las criaturas y al panteísmo en el que el sujeto absoluto lo sería todo.
La nada absoluta queda destruida a priori. Esta aniquilación a priori tiene un sujeto atributivo [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])]. El específico de esta acción apriori de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) reside en que su ingenitud activa es origen de esta aniquilación apriori con el ingenerante activo de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]). La espiración pasiva de [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) es réplica de la espiración activa de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) con [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]) en virtud de que [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) procede, s_ub ratione simplicitatis puræ_, de los dos caracteres, ingenitud activa de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) con el ingenerante activo de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]): sub ratione ingenitudinis, de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]); sub ratione ingenerantis, de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]). La razón se debe a que la espiración activa es genética unidad pura constituida por la ingenitud activa de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) y del ingenerante activo de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]). El específico replicativo de [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) es su espiración pasiva en virtud de que contiene, sub ratione unitatis puræ, el replicativo de la ingenitud de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] con el ingenerante de [math]\displaystyle{ P_2 }[/math]. La observación de que sería suficiente para la aniquilación apriori de la nada absoluta la omnipotencia divina halla la respuesta en que la omnipotencia es un atributo divino que se fundamenta en la concepción genética de la naturaleza divina. Lo que tiene suma importancia es que, de no verificarse esta aniquilación apriori de la nada absoluta, ésta habríase convertido, frente a la concepción genética del principio de relación del que las personas divinas son su axioma puro, en la identidad “nada absoluta es nada absoluta” con sus carentes de sentido; aparte de esto, el nihilismo absoluto impone que no existiría el sujeto absoluto.
[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) se atrae con su inspiración activa los activos de la ingenitud de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) y el ingenerante de [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]) de los que, he afirmado, constituyen, sub ratione simplicitatis puræ, la espiración activa, de la que es acto receptivo, espiración pasiva, [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]), consumándose, de este modo, la satisfacibilidad de una concepción genética del acto puro en el que se incluye el orden de los actos receptivos que imponen las procesiones: en este sentido, puede afirmarse que la espiración pasiva, acto receptivo, objeto pasivo,[12] de la espiración activa, es nueva persona divina [[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]]. [math]\displaystyle{ P_3 }[/math] es el fundamento, sub ratione spirationis passivæ, de la réplica de la ingenitud activa de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] con el ingenerante activo de [math]\displaystyle{ P_2 }[/math] constitutivos de la espiración activa.
[math]\displaystyle{ P_3 }[/math] tiene, como he afirmado, a título de acto personal, procesión con significado de conducta metafísica [proceder a], la inspiración activa, en virtud de la cual se atrae, dentro de la concepción genética del unum, a [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]) con [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]). El enunciado es preciso: [math]\displaystyle{ P_3 }[/math] se atrae con su inspiración a [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]; [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_2 }[/math] es atraído por [math]\displaystyle{ P_3 }[/math]. El hecho queda determinado: el Espíritu Santo inspira, se atrae, al Padre-con-el-Hijo; el Padre-con-el-Hijo es inspirado, atraído, por el Espíritu Santo. [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_2 }[/math] se revelan, en este caso, bajo la razón de la concepción genética del unum, objeto receptivo de [math]\displaystyle{ P_3 }[/math]; esto es, inspiración pasiva de la inspiración activa del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo [[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math])] se revela excedente ontológico de la concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] que, dentro del campo objetivo de la racionalidad, sólo puede estar constituido quoad se et quoad nos por dos seres personales [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])]. El hecho de que no hubiese sido revelado por el Verbo [[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] la existencia del Espíritu Santo [[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math])], la concepción genética del sujeto absoluto habríase manifestado, racionalmente, Santísima Binidad. Esta metafísica “binitaria” podría ser perfectamente admitida por la naturaleza misma de la certeza de la concepción genética del principio de relación [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] en los dos aspectos: sub ratione absolutitatis, por el pensamiento humano; sub ratione divinitatis, por todas las religiones. El excedente ontológico, representado por [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]), no consiste en un sobrante de la concepción genética del principio de relación; de todos modos, es estrictamente revelado. No puede afirmarse un [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) que pueda constituir por sí mismo un principio independiente de la concepción genética del principio de relación porque habríase incurrido en el seudoprincipio de identidad “[math]\displaystyle{ P_3 }[/math] es [math]\displaystyle{ P_3 }[/math]” con sus carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico. El Espíritu Santo [[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]] es persona revelada que tiene que estar en relación del Padre-con-el-Hijo porque, de otro modo, resultaría con su independencia un absurdo identitático “independencia es independencia” que, por su misma naturaleza, no alcanzaría, imposibilidad ontológica, el concepto de persona.
El Espíritu Santo con su acto personal, la inspiración, satisface, sub ratione conceptionis geneticæ uni, la concepción genética, elevada al orden sobrenatural, del principio de relación. Esta elevación no puede ser, metafísicamente, sino nueva persona divina: no más que persona, porque ésta es expresión suprema del ser; no menos que persona, porque habríase reducido a un impersonal. [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) se constituye, por su carácter de excedente ontológico dentro del campo de la razón, en único “tercio incluso” que viene dado por la revelación con la función específica, sobre todo, de clausurar con su inspiración activa la unidad significada por la Santísima Trinidad.
El Padre [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]] es concelebrado por el Hijo [[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]] y el Espíritu Santo [[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]]: ad intra, porque es el origen, ingenitud activa, de la circungénesis y su circunlógesis; ad extra, porque su ingenitud activa es origen atributivo de la aniquilación a priori de la nada absoluta. La Santísima Trinidad [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]] con su carácter de sujeto absoluto y acto absoluto de sí misma obra ad extra como único principio la aniquilación a priori de la nada absoluta y la creación de seres y cosas. La razón se debe a que es la Santísima Trinidad [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]] quien determina la posibilidad de la creación con el precedente de la imposibilitación de la nada absoluta; en este sentido, la aniquilación a priori precede ontológicamente a la creación.
Podría objetarse que el “vacío de ser” pudiese incurrir en un seudoprincipio de identidad con la contradicción del carente de sentido “vacío de ser es vacío de ser” con la misma validez que “~vacío de ser es ~vacío de ser”, convirtiéndose, en este caso, en un “algo” o en un “nada” con el valor absoluto en el que no sería posible lo que no es el sujeto absoluto. Quiere decirse, Dios y el mundo serían, contradictoriamente, la misma cosa. Veamos.
La “aniquilación a priori” de la nada es extensiva a la identidad del “vacío de ser es vacío de ser” porque volveríamos a incurrir, en caso contrario, en los mencionados carentes de sentido. El “vacío de ser” es, por medio de la aniquilación a priori de su identidad, el “espacio”; con el espacio, el “tiempo”. El espacio y el tiempo no son, como afirma San Agustín, creación del sujeto absoluto; antes bien, resultado de la aniquilación a priori de la nada absoluta en virtud de la cual el sujeto absoluto establece la posibilidad genética de la creación: per inhabitationem, de los seres; per actionem in distans, de las cosas. El espacio consiste, por tanto, en la apertura del vacío de ser; el tiempo es su medida. El espacio y el tiempo, refiriéndome al vacío de ser, son de carácter fenomenológico porque el vacío de ser es fenomenológico. La actio in distans establece la diferencial del campo unificado del espacio y del tiempo; de otro modo, la apertura, referida al espacio, incurriría en la identidad “apertura es apertura”, degradando en un seudoprincipio aperturista [aperturismo] con el abstracto de sus carentes de sentido. Afírmase lo mismo del tiempo: la razón se debe a que éste, de no ser establecido el campo unificado por la actio in distans, se incurriría en un tiempo que, elevado a absoluto, establecería un seudoprincipio historicista [historicismo] con el absurdo de sus carentes de sentido.
Ni el espacio ni el tiempo tienen valor ontológico; antes bien, fenomenológico. Su naturaleza fenomenológica reside en que existen dos espacios y dos tiempos en contraposición en tal grado que se puede hablar de un espacio y antiespacio, tiempo y antitiempo, fenomenológicos. La polaridad de estos dos tiempos y de los dos espacios consiste en que las contraposiciones [espacio-antitiempo, antiespacio-tiempo, espacio-antiespacio, tiempo-antitiempo] formen un campo unificado que tiene como constante la actio in distans con su onda genética. Esta actio in distans del sujeto absoluto aleja en términos de indefinitud,[13] las pretensiones de un determinismo o de un caos absolutos. La indefinitud consiste en la medición fenomenológica de las mencionadas contraposiciones. El específico de la medida de estas contraposiciones sólo puede ser verificado con exactitud absoluta por la actio in distans. No existe ni puede existir medida convencional alguna inventada por el hombre que pueda medir más allá de la probabilidad la diferencial de las mencionadas contraposiciones.
La contraposición polarizante por la actio in distans de los dos espacios y sus tiempos está dotada por leyes fenomenológicas que permiten al sujeto absoluto el milagro consistente, hay que darlo por supuesto, en la suspensión de leyes perjudiciales a la vida humana[14] por otras beneficiosas en función de que la ciencia no haya encontrado aún la forma de sustituir unas leyes por otras. El específico del milagro consiste, de todos modos, en aquellas leyes que el sujeto absoluto se reserva en beneficio, sobre todo, de la vida sobrenatural del ser humano, y, al mismo tiempo, manifestar su omnipotencia divina.[15]
—C—
Creación y evolución
El carácter absoluto de las nociones de “creación” y “evolución” constituye, antes que nada, los carentes de sentido “creación es creación” con la misma validez que “~creación es ~creación” y “evolución es evolución” con la misma validez que “~evolución es ~evolución”. La creación y la evolución son potestativas de la finitud que, aunque abierta a la infinitud del sujeto absoluto, no deja por esto que creación y evolución sean finitas. El mundo con sus criaturas es, por tanto, “creación evolutiva”.
La negación de la creación convertiría a la evolución en un círculo cerrado sin origen ni fin; la negación de la evolución convertiría a la creación en un inmutable originario que sólo es propio del sujeto absoluto. La creación es de libre elección del sujeto absoluto; por otra parte, la evolución responde a la necesidad de las leyes en virtud de las cuales la realidad creada se desenvuelve. La evolución es incesante en todos los aspectos de la naturaleza propia de este mundo; de todos modos, la evolución cesa en los seres vivientes en el instante mismo en que, fuera de este mundo, entran en posesión completa, conforme a su naturaleza, de la inhabitación ontológica del acto absoluto.
La radical ontológica de la evolución reside en que en este mundo la inhabitación ontológica es relativa y no absoluta; por esta razón, dase una “disgenesia” que incluye a la propia persona humana. Esta “disgenesia ontológica” es a la que se debe que se den bienes y males en virtud de los cuales podemos decir del mundo que es una realidad dolorida, especialmente, la persona humana. Evoco, a este propósito, la sentencia paulina de que existen dos leyes en virtud de las cuales llevamos escritas dos tendencias: espiritual y mundanal. La creación tiene el mismo valor científico, frente a quienes lo niegan, que la evolución. La “creación” aporta el concepto de “origen”; la “evolución”, el de “tránsito”. El “tercio incluso” de la creación evolutiva es: en lo formal, las leyes que estructuran el vacío de ser; en lo transcendental, la actio in distans. Este “incluso” delata que el vacío de ser es “posibilidad genética” porque está legislado con leyes por la actio in distans del sujeto absoluto; estas leyes son esencialmente diferentes de las leyes de la inhabitación ontológica.
La noción de “creación” es sustantivación del verbo “crear”. Hago la distinción entre el “sustantivo” creación y el “verbo” crear para evitar conjeturarse que el término “creación” pudiera ser elevado, “creacionismo”, a principio absoluto en el cual habría que incluir, absurdamente, al propio sujeto absoluto. El verbo crear es la forma de acto ad extra del sujeto absoluto en virtud del cual las criaturas reciben su existencia; ésta es libremente escogida por el sujeto absoluto y, en ningún caso, impuesta por principio alguno. Se entiende que, en metafísica, la sustantivación “creación” es inadmisible porque, no apareciendo atribuida a un agente, caso contrario del verbo “crear”, habríase convertido, dentro siempre del campo metafísico, en el seudoprincipio identitático “creación es creación” con la misma validez que “~creación es ~creación”. Esta sustantivación de carácter absoluto comporta el absurdo de un “creacionismo” en el que queda incluido, bajo la razón de creado, el propio sujeto absoluto; implícitamente, excluiría a la evolución en dialéctica de oposición absoluta con la creación. La creación de las criaturas es acción ad extra que se opondría a la evolución que, aunque abierta a la infinitud, impone su propia finitud; en este caso, la sustantivación absoluta de la evolución arrojaría resultados semejantes al de la creación: la elevación, hablando en términos metafísicos, a la noción de principio en el que también quedarían incluidas absurdamente las personas constitutivas de único sujeto absoluto. La evolución presenta otra característica que consiste en que el verbo “evolucionar” tiene como sujeto atributivo el “rayado genético” de un vacío de ser verdaderamente morfológico. La negación de esta morfología supondría la concepción amorfa del vacío de ser. La concepción morfológica de este vacío de ser, que aparece organizado por la actio in distans del sujeto absoluto y que creacionalmente pasa a las criaturas en virtud de su finitud, comporta unas leyes de necesidad que, negada ésta, se confundirían con un acto de crear que es acto libre del sujeto absoluto. La acción del sujeto absoluto, referente a estas leyes, consiste en escoger aquellas que han de definir la realidad creada. El hecho de ser escogidas por el sujeto absoluto algunas de las leyes y no todas las posibles desmiente el optimismo leibniziano de que el sujeto absoluto haya creado el mejor de los mundos posibles.
No merece mayor estudio el “integracionismo” en el que se inscribe Ferrater Mora, inspirándose en Spencer y Herbert, reduciendo el campo de la filosofía a la descripción oscilante entre los dos polos de la “identidad” y “realidad” en tal grado que la oscilación es entre polos opuestos que designan sus límites. En realidad, la concepción ferrateriana se reduce al dualismo entre términos opuestos para los cuales establece unos límites de los que no se sabe ni se puede saber en qué consisten. La metafísica es ciencia del ser y no teoría de límites. Mi metafísica genética establece, a su vez, lo que es el sujeto absoluto y lo que no es el sujeto absoluto. Esta concepción, lejos de ser dualista, resulta regida por las leyes de la complementariedad del sujeto absoluto; a título de ejemplo, el vacío de ser, que consiste en lo que no es el sujeto absoluto, aparece regido por el acto absoluto en virtud de esta complementariedad. La negación de lo que es el sujeto absoluto degradaría en el nihilismo absoluto; la negación de lo que no es el sujeto absoluto degradaría en el panteísmo. El carácter genético de la “complementariedad” ad intra del sujeto absoluto es lo que hace posible su proyección ad extra; esto es, en un vacío de ser organizado por la actio in distans del acto absoluto. La afirmación de que el vacío de ser se organizara por sí mismo lo habría convertido en el absurdo metafísico de ser el sujeto absoluto el mismo vacío de ser. Lo que no es el sujeto absoluto, vacío de ser, no es complementariedad ad extra de la que es ad intra el sujeto absoluto [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]] porque, por su naturaleza misma, negaría la libre elección que supone la creación por el sujeto absoluto, ex genetica possibilitate, de las criaturas. Existe, de todos modos, una complementariedad ad extra de naturaleza mística consistente en la presencia constitutiva, supuesta la libre creación de la persona humana, en virtud de la cual ésta es única deidad. Esta es la única complementariedad ad extra, la presencia constitutiva del acto absoluto y su sujeto absoluto, que es imagen replicativa de la que es ad intra. Esta complementariedad ad extra arroja el específico de dos increados: por naturaleza, la divinidad; por gracia, la deidad.
La expresión creatio ex nihilo, fórmula dilecta del cristianismo, no presupone metafísicamente la noción de “nada absoluta”, sino la de “posibilidad genética” de recibir una existencia determinada. No existe tampoco paso alguno entre los dos datos: la “genética posibilidad” y la “existencia” de las criaturas. La afirmación de este paso convertiría a la posibilidad genética en único sujeto absoluto.
El aforismo sentencial ex nihilo nihil fit es extensivo a la posibilidad simpliciter de existir: ex possibilitate nihil fit. La razón específica se debe a que la posibilidad no crea por sí misma la realidad existencial: no existe paso de la posibilidad al acto creante del sujeto absoluto. Su afirmación convertiría a la posibilidad en sujeto absoluto; por otra parte, la posibilidad está en función del sujeto absoluto. Su negación la convertiría en el carente de sentido “posibilidad es posibilidad” con la misma validez que “~posibilidad es ~posibilidad”.
La comprehensión, por otra parte, del acto de existir es imposible a la persona humana; entre otras razones, porque [math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]) es excedente ontológico que, por su misma naturaleza, escapa a la razón. Otro hecho de esta incomprensibilidad reside en el carácter creado de las criaturas: lo creado no puede comprehender al creante porque habríase convertido también en creante.
Hay que afirmar con no menos fuerza que la apertura, a la infinitud del sujeto absoluto, de la finitud de la persona humana no la convierte, de ningún modo, en infinita. Los datos fundamentales, dentro del campo metafísico, son dos: la “libertad” divina y la “omnipotencia” divina, que en el caso del sujeto absoluto tienen valor absoluto. Sabemos, dentro de esta metafísica genética, que la creación es: en los seres, sub ratione inhabitationis actus absoluti; en las cosas, sub ratione actionis in distans actus absoluti. El motivo supremo de la creación, especialmente de la persona humana, viene dado por el dato revelado: el amor divino. La negación de este amor divino motivante afirmaría el absurdo de la indiferencia o del odio divino.
Tengo que decir que, refiriéndome a la existencia, lo que preexiste, supuesta la ex genetica possibilitate, consiste en que el sujeto absoluto perdurablemente posee ad extra, bajo la razón de idea, a las criaturas. Las criaturas son, por tanto, bajo la razón de idea divina, perdurables. La “perdurabilidad” reside, a diferencia de la “eternidad”, en que la inteligencia divina no está sujeta a la preexistencia de las ideas que posee acerca de las criaturas. Esto lleva a un hecho de valor absoluto: la inteligencia divina es “separada” de las ideas que, perdurables, preexisten en el sujeto absoluto.
La intelligentia separata no se refiere al fuero ad intra del sujeto absoluto porque la absoluta inteligencia divina es intrínseca a las tres personas divinas con sus nociones, relaciones y procesiones. Decimos “eterno” a esta forma de conocimiento absoluto. La intelligentia separata no tiene valor absoluto en el fuero ad extra porque es en este fuero que, en referencia al Verbo, se da la “genética posibilidad” de las criaturas; por tanto, el sujeto absoluto puede libremente crear. La negación de estos dos fueros para afirmar una intelligentia separata con valor absoluto la convertiría en el seudoprincipio de identidad intelligentia separata es intelligentia separata con la misma validez que ~intelligentia separata es ~intelligentia separata, degradando en la contradicción que lleva implícitos los carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico.
Otra diferencia entre “eternidad” y “perdurabilidad” consiste en que la perdurabilidad es reducción a “cero ontológico” del tiempo, en ningún caso, su aniquilación. La reducción a “cero ontológico” del tiempo es: a priori, antes de recibir la existencia; a posteriori, después de ser creada. La reducción a posteriori es verificada por el sujeto absoluto en los seres post mortem, especialmente, en el ser humano. La perdurabilidad es extensiva al cuerpo humano cuando sea resucitado.
Queda solamente preguntarse si las ideas que de las criaturas posee el sujeto absoluto son ad intra o ad extra de la única inteligencia en la que conviven [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]. La respuesta es precisa: la posesión intelectual por el sujeto absoluto es ad extra y no ad intra porque sólo le es ad intra al sujeto absoluto la “congenitud” de las tres personas divinas. La razón se debe a que las criaturas entran en el campo de lo que no es el sujeto absoluto. Su único absoluto ad intra son sus nociones y procesiones con sus relaciones entre sí.
La afirmación ad intra de las criaturas sub ratione intelligentiæ en el sujeto absoluto habría reducido a multiplicidad la simplicidad pura de la “congenitud” única de las tres personas divinas. Esta multiplicidad habría introducido, a su vez, un panteísmo del que las criaturas resultarían partes de la divinidad. Por otro lado, la unicidad divina habría degradado en un atomismo disolvente de la unidad divina porque también esta divinidad resultaría parte de la multiplicidad creada.
CUESTIÓN FINAL
Concepción genética de la ética
1.-No son mencionables en mi fundamentación de la ética las numerosas teorías hasta ahora establecidas por la filosofía de esta ciencia. La aspiración a fundamentar la ética es un hecho muy antiguo; incluso, se pierde en la oscuridad de la prehistoria humana. La bibliografía sobre la fijación de su fundamento es numerosísima. El primer filósofo occidental es, aunque no ajeno a Platón, el propio Aristóteles que fundamenta la ética en las virtudes dianoéticas o propiamente intelectuales, estableciendo, a su vez, su objetivo: la costumbre. Por esta razón, la ética, como ciencia de las costumbres, ha sido frecuentísimamente tenida en cuenta por los filósofos. Concluyo que hay tantas éticas como filosofías con sus tendencias a determinar fundamentos, objetos y fines de esta ciencia. La ética responde a la teoría de los bienes y no de los males: el bien es ético; el mal no es ético.
Mi fundamentación de la ética es metafísica; en este sentido, la ética aparece fundada en la concepción genética del “principio de relación”, de ningún modo, en el seudoprincipio de identidad, S en S, que, por su misma naturaleza, carece de ética, y, extensivamente, A es A con el significado de cualquier cosa. Este supuesto no podría ser otro que la propia ética, degradando en los carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico. Su fundamento metafísico tampoco reside en un concepto de bien que, rubricado por el seudoprincipio de identidad, arroja la misma contradicción. Hay que rechazar con no menos fuerza que la ética tenga su fundamento en sí misma porque habríase incurrido en el nuevo carente de sentido “ética es ética” con la misma validez que “~ética es ~ética”.
2.-La fundamentación en la concepción genética del principio de relación incluye la naturaleza ética de sus términos: en ética racional, de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]); en ética revelada, de [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_3 }[/math]([math]\displaystyle{ P_3 }[/math]). La definición de “naturaleza” consiste en la “conformidad de la acción genética con la complementariedad replicativa” en los dos ámbitos: racional y revelado. La ética se revela conformidad de conducta de las personas entre sí, que, en lo racional y en lo revelado, quedan constituidas en único sujeto absoluto. La conformación de la acción genética con la complementariedad replicativa incluye su carácter ético en virtud de la inhabitación, inesse absoluto: en lo racional, ⋀[math]\displaystyle{ P_1 }[/math] en [math]\displaystyle{ P_2 }[/math], ⋀[math]\displaystyle{ P_2 }[/math] en [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]; en lo revelado, ⋀[math]\displaystyle{ P_1 }[/math] en [math]\displaystyle{ P_2 }[/math]∧[math]\displaystyle{ P_3 }[/math], ⋀[math]\displaystyle{ P_2 }[/math] en [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]∧[math]\displaystyle{ P_3 }[/math], ⋀[math]\displaystyle{ P_3 }[/math] en [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]∧[math]\displaystyle{ P_2 }[/math].[16] No puede darse, en este caso, disconformidad alguna de carácter ético entre sus términos porque, de haberla, tendría también valor absoluto con la consecuencia de carecer de única ética, del mismo modo que carecerían de única congenitud o concepción genética de la sustancia. La negación de esta conformidad degradaría en un disconformismo absoluto en tal grado que, destruida la complementariedad genética, habríase convertido en contradicción de las personas divinas que constituyen, racional y revelado, la concepción genética del principio de relación.
3.-El ámbito ético queda conformado por el propio principio genético en tal grado que las personas constitutivas del único sujeto absoluto satisfacen con absoluta exactitud la ética; quiere decirse, obran éticamente el propio principio genético. Este ámbito absoluto de la ética es genético. La pericóresis, inhabitación inmanente de las personas divinas en virtud de la cual la unicidad de conducta tiene valor de ética pura, se constituye en fundamento próximo. Los específicos atributivos de la geneticidad ética en el sujeto absoluto se inscriben en el campo de las procesiones y de las relaciones del propio sujeto absoluto: con razón de origen, la “generación” de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]; con razón de medio, el “ingenerante” de [math]\displaystyle{ P_2 }[/math]; con razón de fin, la “ingenitud pasiva” de [math]\displaystyle{ P_3 }[/math]. La concepción genética de la ética, dentro del campo absoluto, tiene tres caracteres: origen, medio y fin.
4.-El fundamento ético de la persona humana reside en la inhabitación ontológica, presencia constitutiva, del acto absoluto en su substancia en tal grado que, como ya he dicho, queda constituida en “deidad”. La “deidad”, propia del carácter increado de la presencia constitutiva es la esencia de la ética humana. Esta esencia consiste en la compenetración, “transverberatio”, de la “deidad” de la persona con la “divinidad” del sujeto absoluto. Esta “deidad” incluye naturalmente una conducta ética que va mucho más lejos que una concepción normativa de carácter moral. El específico de esta conducta ética es sintetizada por Cristo, para efectos en los que se incluye la racionalidad, en un mandamiento que constituye verdadera definición: el amor a Dios y al prójimo es síntesis de cualquier diferente norma. Este amor no tiene como específico atributivo la voluntad; antes bien, la “deidad” de la persona humana inhabitada por el acto absoluto y su sujeto absoluto. El amor de la deidad humana tiene estricto valor metafísico; si se atribuyera a la voluntad, quedaría reducido estrictamente al campo antropológico de carácter voluntarista. Cristo eleva la antropología del amor a ontología. Esta ontología supone, a su vez, el perfeccionamiento de la mística racional.
Esto es lo que Cristo afirma implícitamente cuando llama “nuevo” al mandamiento del amor al prójimo como modelo en sí mismo en tal grado que El se revela síntesis de la Ley y los Profetas.[17] La conclusión final de esta concepción genética perfecciona, más que a la razón y a la voluntad, a la “deidad humana”.
5.-Quedan afirmados, pues, dos ámbitos de la ética: ad intra y ad extra. El ámbito ad intra consiste en que [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math] tienen la misma medida del ser, adecuación absoluta, en tal grado que [math]\displaystyle{ P_2 }[/math] o [math]\displaystyle{ P_3 }[/math] no son menos que [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]. Su diferencia real, constituyendo un único sujeto absoluto, deja fijada en esta unicidad el carácter absoluto de la ética. El específico del ámbito ad extra de la ética humana viene de la presencia constitutiva, inhabitación ontológica, del acto absoluto en su sustancia.
6.-La inmoralidad humana reside en la “disgenesia”, adecuación relativa de la inhabitación, que dio lugar a que el mandamiento dado a los protoparentes fuera desobedecido por estos. La gravedad del pecado original se debe, de todos modos, a la “deidad” que eran, más que al hecho antropológico de una voluntad de desobedecer. El pecado original comportaba implícito el enfrentamiento de su deidad humana con la divinidad del sujeto absoluto. Esta disgenesia es progresivamente desincrementada por medio de la gracia, incrementación de la presencia constitutiva, hasta el grado que, aunque no alcance la persona humana una adecuación absoluta con el sujeto absoluto, logre, de todos modos, una completa “congénesis mística”. Este es el fin último del cristianismo que Cristo fundó por el camino de una magnánima redención que, al mismo tiempo que desincrementa progresivamente nuestra disgenesia, incrementa nuestra deidad. La ética cristiana es, por tanto, ética de la deidad humana. Esta es la sustancia del cristianismo fundado por Cristo: una “unión mística” que presupone una “unión ética”
- ↑ F.F.R., Madrid (1988), págs. 115-142.
- ↑ Las expresiones “ser-en-ser”, “ser es ser”, “ser en cuanto ser”, “ser en el ser”, “ser por el ser”, etc. son expresiones identitáticas en virtud de carecer de functor diádico (en, es, en cuanto, en el, por el… son seudofunctores diádicos); por tanto, expresiones carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico.
- ↑ [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]] léese “[math]\displaystyle{ S_1 }[/math] complementario [math]\displaystyle{ S_2 }[/math]”. El símbolo “≑ “es el de la complementariedad genética que nada tiene que ver con la complementariedad física de Bohr.
- ↑ Simbolizo la negación de conceptos o términos con el negador “~”. “~ser es ~ser” léese “no ser es no ser”.
- ↑ Simbolizo la conjunción entre conceptos y términos con el conjuntor “∧”. “S∧ ~S” léese “S y no S”.
- ↑ Es sabida la negación por Hegel del llamado “principio de identidad” y del llamado “principio de ~contradicción”. Hegel eleva la contradicción a principio enunciándolo de este modo: todas las cosas son contradictorias. Esta proposición, a diferencia de otras, expresa, para Hegel, la esencia y la verdad de las cosas. Cfr. Wissenschaft der Logik (1812).
- ↑ Hegel establece, en oposición a Aristóteles, la contradicción del “ser∧~ser” por vía de afirmación y negación: la afirmación del ser es por llenitud del ~ser; su negación, por vaciamiento del mismo ser.
- ↑ La fórmula [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] léese [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] complementario [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] de [math]\displaystyle{ P_2 }[/math]. La concepción genética de la persona [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]] es la expresión suprema de la concepción genética del ser [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]]. La concepción genética del principio de relación está constituida, pues, por dos seres personales, binidad, [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])]. La fórmula puede también escribirse [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math])], leyéndose [math]\displaystyle{ S_1 }[/math] complementario [math]\displaystyle{ S_2 }[/math] de [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] complementario [math]\displaystyle{ P_2 }[/math].
- ↑ La lógica simbólica fundamenta este tipo de argumento en la llamada reductio ad absurdum que ya empleaban los matemáticos griegos y Kant utiliza en su Critica de la razón pura. Esta prueba, aplicada a la contradicción nos llevaría al paroxismo de la propia contradicción, pues habría que afirmarla y negarla al mismo tiempo. Dígase lo mismo de la ~contradicción.
- ↑ La metafísica genética, dentro del campo racional, cumple las propiedades de su método: consistencia, porque la concepción genética del principio de relación hace imposible la contradicción; completitud, porque la concepción genética del principio de relación tiene por axioma absoluto dos y sólo dos términos [math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math]), revelando que la identidad es un seudoprincipio con sus carentes de sentido sintáctico, semántico y ontológico; decidibilidad, porque el axioma puro [[math]\displaystyle{ S_1 }[/math]([math]\displaystyle{ P_1 }[/math])≑[math]\displaystyle{ S_2 }[/math]([math]\displaystyle{ P_2 }[/math])] forma bien la concepción genética del principio de relación y su sujeto absoluto, reduciendo, a su vez, en seudociencia la ageneticidad del ser. La metafísica genética, finalmente, sólo, dentro del campo revelado, cumple la propiedad de la satisfacibilidad, consistente en la plenitud absoluta de la consistencia, completitud, y decidibilidad de la concepción genética del principio de relación y su sujeto absoluto. Estas propiedades metafísicas son extensivas a los tres elementos metódicos -origen, sintasis y réplica- con la característica de ser congénitos y no convencionales al mismo principio genético.
- ↑ W. Shakespeare, Hamlet, III, I, 56.
- ↑ El carácter pasivo del objeto metafísico consiste en el acto receptivo de la acción del agente. El carácter pasivo, dentro de mi concepción genética, no tiene, por tanto, valor absoluto alguno porque incurriría en la identidad “pasivo es pasivo” degradando la realidad del objeto en incapacidad, inerticidad, para recibir la acción del agente en virtud de la cual el objeto es fin de la inmediata acción recibida; a título de ejemplo, el Hijo es fin o término de la generación del Padre.
- ↑ Indefinitud o indefinito no significa “indefinido”; antes bien, finitud abierta al infinito.
- ↑ A título de ejemplo, la erradicación del cáncer.
- ↑ A título de ejemplo, la bilocación que, por su propia naturaleza suspende, entre otras, las llamadas leyes de la gravitación y de la impenetrabilidad de los cuerpos. El argumento tomista sobre la imposibilidad de la bilocación está fundado en dos conceptos aristotélicos: la cantidad es medida de la sustancia; el lugar es primer límite inmóvil del cuerpo continente. Obvio en este momento las numerosas concepciones acerca de estos dos términos, cantidad y lugar, que son afirmadas por la historia de la filosofía. El cuerpo humano es un fenomenológico formado de materia y antimateria, cuerpo y anticuerpo, en virtud de los cuales la actio in distans hace posible la bilocación. La bilocación de un cuerpo humano en estado activo o pasivo en dos lugares distintos es una iniciativa sobrenatural definida, específicamente, por la concesión, aunque limitada, de la “sutileza” de los cuerpos resucitados que consiste, precisamente, en la penetrabilidad, sub ratione deitatis, de los supuestos lugares. El lugar es también, como el vacío de ser, de carácter fenomenológico, compuesto, por tanto, de lugar y antilugar. Se añade a la sutileza la llamada “agilidad” en virtud de la cual el cuerpo, venciendo la gravitación, obedece al espíritu. Puede sumarse el hecho, haciendo referencia a San Agustín, de una transformación también limitada de parte de una naturaleza física de cierto carácter escatológico que el Obispo de Hipona, interpretando el fin del mundo, expresa mediante la pérdida de la figura del mundo [reducción a cero ontológico] y, a la vez, por la transformación de la naturaleza del mundo consistente en darle nueva forma preternatural. No debe confundirse, finalmente, la bilocación con la espectración.
- ↑ El símbolo “⋀”, aplicado a cada una de las personas divinas [⋀[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]], [⋀[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]], [⋀[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]] no es, como puede observarse, un cuantificador lógico; antes bien, representa la afirmación de que el Padre [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]] es todo en [math]\displaystyle{ P_2 }[/math] y [math]\displaystyle{ P_3 }[/math], el Hijo [[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]] es todo en [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ P_3 }[/math], el Espíritu Santo es todo en [math]\displaystyle{ P_1 }[/math] y [math]\displaystyle{ P_2 }[/math]. El símbolo “∧” no es tampoco un conjuntor lógico entre las personas divinas [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]∧[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]∧[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]], sino, sólamente, expresión común de la fórmula latina del Filioque frente a la fórmula διά [por medio de] de la teología griega. Mi fórmula viene expresada, dentro de la concepción genética de la unidad absoluta entre las personas divinas, por cum [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]] con el sentido de compañía intrínseca, inmanente y constitutiva de la concepción genética del principio de relación y su único sujeto absoluto [[math]\displaystyle{ P_1 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]≑[math]\displaystyle{ P_3 }[/math]]. Sustituyo, por otra parte, la fórmula fulgenciana de la pericóresis [Propter hanc unitatem Pater est totus in Filio, totus in Spiritu Sancto; Filius totus est in Patre, totus in Spiritu Sancto; Spiritus Sanctus totus est in Patre, totus in Filio] por mi fórmula de la circungénesis en la que se revelan [math]\displaystyle{ P_1 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_2 }[/math]-con-[math]\displaystyle{ P_3 }[/math] en unidad de único sujeto absoluto y su acto puro: el Padre es todo en el Hijo, el Hijo es todo en el Padre, el Padre-con-el-Hijo es todo en el Espíritu Santo, el Espíritu Santo es todo en el Padre-con-el-Hijo.
- ↑ El precepto “que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13,34), presente ya en la Ley mosaica, es “nuevo” por la perfección a que Cristo lo eleva: El ha venido a dar forma definitiva a la Ley antigua (Cfr. Mt 5,17).